Ser paisa también se elige: la historia de una mujer belga que encontró en Medellín otra forma de sentirse en casa.
Hay historias que nacen de una casualidad y, con el tiempo, terminan revelando la fuerza que puede alcanzar el vínculo entre una persona y una ciudad. La de Valérie Marie Anne Deridder comenzó durante un viaje familiar y creció entre canciones, tradiciones y encuentros hasta convertirse en una expresión genuina de amor por Medellín. Su experiencia demuestra que el sentido de pertenencia también se construye a través de los afectos, las vivencias compartidas y la decisión de llevar un territorio en el corazón.
Valérie es periodista, moderadora y presentadora belga. Antes de viajar a Colombia, difícilmente habría imaginado que una visita para compartir con la familia de su pareja transformaría su relación con una ciudad ubicada al otro lado del océano. Todo comenzó en diciembre de 2024, cuando llegó a Medellín y tuvo la oportunidad de acercarse a la cultura paisa desde un entorno íntimo y cotidiano.
Durante aquella estadía descubrió una ciudad a través de su gente. La comida, las conversaciones familiares, las montañas, la música y la calidez con la que fue recibida despertaron en ella una conexión espontánea. Aquellos elementos que hacen parte de la vida diaria de muchas personas adquirieron un significado especial ante los ojos de alguien que los experimentaba por primera vez y que encontraba, en cada encuentro, una nueva razón para sentirse cercana a Medellín.
Su entusiasmo sorprendió especialmente a la familia de su pareja. Valérie cantaba las canciones de Rodolfo Aicardi y Octavio Mesa con la emoción de quien parece haberlas escuchado desde siempre. La música se convirtió en una puerta de entrada para comprender la cultura y participar de ella: disfrutaba las tradiciones, preguntaba por las costumbres y celebraba cada descubrimiento con una naturalidad que pronto conquistó a quienes la acompañaban.
Uno de los familiares concluyó, el tío de su pareja, entre el humor y el cariño, que Valérie ya tenía espíritu paisa. Por eso decidió entregarle un diploma simbólico que la acreditaba como Paisa de Corazón. El reconocimiento surgió en medio de la familia, sin protocolos ni grandes pretensiones, pero durante la entrega alguien comentó que al certificado solamente le faltaban los sellos de la Alcaldía y la Gobernación.
La frase despertó en Valérie una ilusión inesperada. Aquel diploma representaba el afecto de una familia que la había acogido y la conexión que había construido con Medellín, así que decidió intentar que alguna autoridad de la ciudad reconociera también ese vínculo. Durante su visita buscó establecer contacto, aunque en ese momento no obtuvo respuesta. Finalmente regresó a Bélgica pensando que el certificado quedaría como un recuerdo entrañable de su viaje y como una anécdota para compartir entre risas.
Meses después, la historia tomó un nuevo rumbo. Mientras Valérie visitaba el restaurante de Rigo, comenzó a sonar una canción de Rodolfo Aicardi y ella la cantó con el entusiasmo que ya conocían sus personas más cercanas. Alguien registró el momento con un celular y el video empezó a circular en redes sociales, donde miles de usuarios se conectaron con la autenticidad de aquella mujer belga que disfrutaba la música paisa con absoluta naturalidad.
Los comentarios comenzaron a multiplicarse. Algunas personas aseguraban que Valérie era más paisa que muchos paisas; otras afirmaban que merecía la ciudadanía o que debía recibir oficialmente el reconocimiento como Paisa de Corazón. La escena reflejaba una de las cualidades más poderosas de Medellín: su capacidad para recibir a quienes llegan de otros lugares y hacerlos partícipes de una cultura que se comparte con orgullo y generosidad.
Tiempo después, Valérie fue invitada al pódcast Monólogos sin Propina. Durante la conversación relató la historia del diploma familiar y recordó, entre risas, sus intentos por convertirlo en un reconocimiento oficial. Su testimonio volvió a circular ampliamente y esta vez llegó hasta la red Sos Paisa.
Esta iniciativa de la Alcaldía de Medellín, liderada por la ACI Medellín, trabaja desde hace más de dos décadas para fortalecer la relación de la ciudad con su comunidad global. A través de historias, encuentros y oportunidades de participación, la red conecta a los paisas que viven en otros países y a quienes, desde diferentes lugares del mundo, han construido un vínculo especial con Medellín.

Cuando el equipo conoció la historia de Valérie, decidió buscarla. Para entonces ella se encontraba nuevamente en Bélgica, pero poco después se supo que regresaría a la ciudad. Esa noticia permitió preparar una sorpresa y transformar aquella anécdota familiar en un reconocimiento con un significado mucho más amplio.
El 28 de julio de 2026, Valérie fue recibida en el despacho del alcalde Federico Gutiérrez, quien le entregó oficialmente el reconocimiento simbólico como Paisa de Corazón. El diploma que había comenzado como un gesto espontáneo dentro de una familia representaba ahora un homenaje a las personas que, aunque nacieron en otros territorios, sienten a Medellín como propia, hablan de ella con cariño y ayudan a proyectar su identidad ante el mundo.
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El encuentro también permitió reconocer el valor de las historias humanas en la construcción de las relaciones internacionales. Los vínculos entre los territorios se fortalecen cuando una persona visita una ciudad y se siente bienvenida, cuando una familia comparte sus tradiciones con alguien que llega de lejos o cuando una experiencia positiva viaja hacia otros países y transforma la manera en que muchas personas perciben a Medellín.
Como parte de aquel reconocimiento, Valérie fue invitada al concierto inaugural de la Feria de las Flores, realizado el 31 de julio. Allí pudo vivir de cerca una de las celebraciones más representativas de la identidad paisa y compartir una experiencia en la que se encontraron la música, las flores, la memoria, las tradiciones y el orgullo por la ciudad. El momento cerró de manera especial un recorrido que había comenzado durante aquella primera visita de diciembre de 2024.
Su historia representa también a quienes llegan a Medellín por turismo, estudio, trabajo, emprendimiento o inversión y regresan a sus países llevando consigo una relación que continúa creciendo con el tiempo. Algunas personas recomiendan la ciudad entre sus amigos, otras vuelven cada vez que tienen la oportunidad y muchas comparten su música, sus sabores, sus expresiones y las historias que conocieron durante su estadía. Cada una puede convertirse en un puente capaz de acercar a Medellín con nuevos lugares del mundo.
Para la ACI Medellín y la red Sos Paisa, reconocer estos vínculos permite ampliar el significado de la comunidad global. Medellín también vive en quienes la descubrieron, aprendieron a quererla y decidieron compartir con otros aquello que encontraron en ella. Son personas que contribuyen a su proyección internacional a través de sus experiencias, sus conversaciones y la manera cercana en que cuentan la ciudad.
Valérie continúa llevando con orgullo su identidad y su cultura belga, mientras conserva el lugar que Medellín ha conquistado en su vida. Ambas experiencias conviven, se complementan y enriquecen su forma de comprender el mundo. En esa posibilidad de sumar afectos, raíces y territorios reside buena parte del valor de su historia.
Ser paisa también puede expresarse en la manera de vivir la ciudad, celebrar sus tradiciones, hablar de ella con cariño y desear que continúe creciendo. Valérie encontró en Medellín un lugar para querer, para regresar y para contarle al mundo que el amor por esta tierra puede nacer a miles de kilómetros de distancia.
Esa es la esencia de ser una verdadera Paisa de Corazón.





